abril 1, 2020

Los Teatinos en el Castañar

Como casi todos los pueblos, tiene Béjar una tradición antiquísima y muy hondamente arraigada en el corazón de sus hijos.

Quienes conocen a Béjar por sus paños, la conocen a medias. Quienes conocen a Béjar por su clima, la conocen a medias. Quienes, además de por estos motivos, conocen a Béjar por su religiosidad profundamente mariana, a conocen del todo.

En el Santuario de la Virgen del Castañar hay que colocar la cúspide humana y religiosa de los hombres de Béjar y de su pintoresca comarca. Y al cuidado del Santuario está una Comunidad Teatina.

Los datos más antiguos que nos hablan del Santuario son del año 1447. El 26 de marzo de ese año ya se sube en procesión para honrar a la Virgen en el Monte Sagrado.

Las obras del actual templo mariano empezaron a principios de 1600.Y tenemos noticias de que sobre el 1720 estaban casi concluidas. Como ha sucedido con la mayoría de las Comunidades religiosas en España, por las causas conocidas, también la Comunidad franciscana que cuidaba del Santuario hubo de dejarlo en 1931. Pero como se acercaba el 50 centenario de la milagrosa aparición de la Virgen, se hicieron las gestiones necesarias para que otra Comunidad -esta vez los Teatinos- cuidara del culto del Santuario.

Y el 14 de agosto del año 1946 llega la nueva Comunidad religiosa, poco antes de que fuera solemnemente coronada la Virgen por el Obispo de Plasencia el 8 de septiembre de ese mismo año.

Si se pretendía tener atendido el cuito y la devoción a la Virgen, era necesario formar una Escolanía. Y eso fue lo primero que organizó la Comunidad Teatina al emprender la tarea de reavivar el Santuario. Y, de esa misma Escolanía, surgió el actual Seminario Teatino. La antigua Casa de los Franciscanos era a todas luces insuficiente para el deseo de tener un semillero vocacional religioso. Y comenzaron las obras que habrían de concluir con el elegante campanario, sustituyendo a la antigua espadaña.

El Seminario tuvo en los años setenta una vitalidad floreciente, a pesar de esta crisis por la que todos los seminarios pasaron. Las vocaciones siguen llegando. Y floreciendo algunas. Tanto es así que se pensó en ampliar el Seminario. No fue suficiente el nuevo pabellón para atender a las llamadas de los muchos muchachos que llegaron a sus puertas.